Empresas pequeñas que piensan en grande

Una de las preguntas que más nos hacen los alumnos de nuestros cursos es “¿cómo comienzo a implementar la RSE?”. En general, durante la cursada a cada concepto o estructura teórica le contraponemos su aplicación en la práctica porque como dice el viejo Sabio: “todo conocimiento que no puede ser llevado a la práctica, no sirve”.
Pero hay un componente vital, que no depende exclusivamente del docente -pero puede fomentarlo-, sino de quien desea implementar ese conocimiento. Hablamos de la Creatividad.
La gestión responsable requiere, irremediablemente, de ser creativos. Esto es, no atar nuestra estructura de pensamiento a lo que ya conocemos, sino dar rienda suelta a las ideas que pueden ayudarnos a encarar una gestión socialmente responsable desde otro lugar.
Pero la cuestión se puede complicar si esa rienda suelta se transforma en un ideario desmedido y poco realista con el día a día de la empresa y su coyuntura.
Por poner un ejemplo que conocimos durante 2008:

Una Pequeña Empresa que se dedica a brindar servicios destinados a mejorar la calidad de vida alquila una casa de unos 100 metros cuadrados para desarrollar allí sus actividades.

  1. Al instalarse, comienza por lo básico: un uso racional de la energía. Lámparas de bajo consumo para toda la casa. Incluso si hay lugares por los que se transita habitualmente y es oscuro se pueden instalar sensores de luz. Esto como lo básico. Aunque también se podría pensar en una incorporación gradual de paneles solares si las condiciones edilicias y de orientación lo permiten. Hay paneles solares desde U$S 100 que ofrecen 12V.
    Ligado a esto se encuentra el tema de la refrigeración. En verano, se puede usar un sistema de mosquiteros para refrigerar el lugar durante la noche y aprovechar ese fresco durante buena parte del día. Eso nos permitirá no tener que poner tan fuerte el aire acondicionado para enfriar el lugar, usar menos energía y ahorra en nuestro consumo.
  2. Como hay movimiento de personas, se decide poner una máquina de café para que los visitantes puedan servirse durante la espera. Además, está el personal (tres personas) que consumen alimentos y utilizan papelería. El tratamiento de la basura será otro de los puntos donde poner el foco. Con un cesto para los residuos no bastará. Habrá que tener uno para los alimentos y todo lo mojado; otro para los papeles y cartones; y otro para los plásticos. Incluso, mucho de ello, luego puede ser donado a diversas entidades comunitarias.
  3. Luego tendremos que atender al tema del uso del agua. Revisar por un plomero todas las salidas para asegurarnos que no haya pérdidas. Y si contamos con espacio, por un poco más de U$S 100 se puede colocar un tanque para recepcionar el agua de lluvia y utilizarla luego para diversos fines.

Claro que casi todas estas medidas conllevan una inversión. Pero, ¿si sacamos la cuenta de lo que nos ahorraremos con ella? La relación costo-beneficio no sólo va arrojar saldo a nuestro favor sino al de toda la Comunidad. Y esto sólo teniendo en cuenta el plano operativo del día a día.
Lógicamente que esto implica también una mirada de largo plazo. El mundo vive una crisis de sus recursos que se agrava con el correr del tiempo. Tu empresa debe pensar que con pequeñas acciones de racionalización y buen uso, estará invirtiendo en sostenibilidad, de su negocio y del mundo en el que habita.
Porque contar con una estrategia transversal de RSE nos permite tener autonomía, y eso nos ayuda a ser creativos.

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