¿Para qué trabajamos?

Con motivo de celebrarse, mañana jueves 1 de mayo, el Día del Trabajador, reeditamos un post de nuestra Coordinadora de Comunicación, Docente y Consultora asociada, Lorena Brignardello, publicado originalmente, con gran repercusión, en septiembre de 2013, en Educaméricas. Allí bajo el título ¿Trabajar para vivir o vivir para Trabajar? se desarrollaron los nuevos desafíos de la Responsabilidad Social en la relación colaboradores/organización, que aquí repasamos.

Una madre, responsable de RSE de una organización, que pide ayuda en Redes Sociales para buscar la mejor manera de retornar al trabajo luego de la maternidad; una empresa que busca talentos “publicitando” su programa de balance entre trabajo y vida personal; una trabajadora independiente que comenta que sólo puede trabajar tranquila, de noche; el evento del Día del Emprendedor, cuyo mayor porcentaje de participantes supera los 40 años; y una generación joven, la Generación Y o “Millennials”, que impone nuevas formas de relación con la empresa.

Estos son Trabajo y familiasolo algunos ejemplos de que los tiempos están cambiando en cuanto a cómo la empresa debe gestionar su mejor capital, el capital humano, y cómo los colaboradores imponen cambios en los antiguos paradigmas laborales.

Las largas y extenuantes jornadas en la oficina, que sumadas a los desplazamientos desde el hogar hasta allí, no daban casi espacio (o no dan, ya que persisten estas prácticas) para algo más que no fuera el trabajo. Vivir para trabajar, con poca flexibilidad para algo más ¿era? el paradigma. Como olvidar aquella consultora en Recursos Humanos, que hace más de una década proclamaba que el compromiso en el nuevo trabajador debía verse cuando éste arribaba 15 minutos antes del horario establecido y se retiraba media hora después.

Pero esto está cambiando, aunque aún falta mucho camino por recorrer, las nuevas generaciones y la necesidad de los empleados de cualquier edad de alcanzar una vida armoniosa y de bienestar, están empujando a las organizaciones a adoptar modelos de conciliación entre vida personal y laboral y a generar un clima laboral propicio.

En un momento de crisis mundial, la retención y captación de talentos, así como una cultura organizacional basada en la gestión responsable en todos los niveles, se vuelve imperiosa para las empresas. El trabajar para vivir y no a la inversa, toma cada vez más fuerza.

Las nuevas generaciones están desafiando a las compañías, quieren conocer el para qué de la tarea que les es asignada (aún las rutinarias), conocer el negocio de manera integral, tener lugar para la creatividad e innovación, obtener posibilidades de crecimiento y capacitación y fundamentalmente, son seducidos por propuestas de conciliación y flexibilidad laboral y espacios de interacción donde son escuchados.

Paradójicamente, las personas que se acercan o superan los 40 años, se sienten atraídos por los mismos incentivos, quieren pasar del vivir para trabajar al trabajar para vivir y muchos de ellos, al sentirse alienados con la empresa, buscan opciones en la actividad emprendedora, encarada desde la experiencia y los contactos adquiridos. Les cuesta romper con la “zona de confort”, pero cada vez más se atreven a seguir este nuevo paradigma laboral, basado en la conciliación y el bienestar.Equipo de trabajo

El desafío de las compañías está en que estás prácticas se inserten fehacientemente en su cultura y su ADN, luego de un diagnóstico y escucha activa de lo que requieren sus colaboradores en un proceso continuo. La premisa es no imponer, sino escuchar y trabajar en conjunto en pos de ese bienestar y ese equilibrio entre todas las dimensiones complejas que hacen a la relación persona/empresa. Han fracasado propuestas interesantes de flexibilidad que se adoptaron sin considerar si era lo que realmente los empleados buscaban; o bien, sin capacitar o contemplar a los mandos o jefaturas medias, como verdaderos factores del cambio en esta nueva relación. La coherencia, el ejemplo, el cambio de cultura y de liderazgo, la apertura a estos nuevos paradigmas harán que la empresa esté mejor preparada para los desafíos que le toca enfrentar, con mayor productividad, y un clima laboral favorable en una organización donde la empatía entre los seres humanos que la conforman, impera.

Del lado del colaborador (aún de aquellos que trabajan en forma independiente), está el desafío de hacerse escuchar y escucharse, de administrar el trabajo y sus propios tiempos y necesidades, de dar lugar a todas las dimensiones de su vida, de aprovechar los beneficios que proponga la compañía cuando se adecuan a su realidad, para alcanzar lo que toda persona busca, la felicidad.

¿Caben dudas aún que la Responsabilidad Social Empresaria, debe iniciar su gestión desde adentro de la organización, transformando a sus colaboradores en embajadores y reflejo de ésta, para luego trasladarla al resto de sus grupos de interés?

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