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¿Cuáles son las 7 etapas que te aseguran una conexión humana saludable? ¿Qué tener en cuenta para crear espacios que fomenten el diálogo organizacional? Te acercamos la clave para liderar en esta nueva era postpandémica.

1) Conectar es Integrar

Hasta hace un año “presencial” y “virtual” eran términos antagónicos. Pero el sacudón COVID ayudó a darnos cuenta: lo presencial no era lo físico, sino lo humano. Teníamos acomodadas mal las piezas. Presencial, entonces, es estar juntos al mismo tiempo, sin importar las distancias, los espacios o las plataformas”.

El 2020, además, borró la linea que mantenía lo laboral y lo personal en cajitas separadas, dejando en evidencia lo mucho que hay que repensar las organizaciones si queremos que prosperen, y también que la búsqueda de un balance vida-trabajo está mal planteado desde el principio.

Poco a poco las dicotomías (formal/informal, racional/emocional, físico/digital, personal/colectivo) demuestran ser insostenibles.

Los enfoques monopólicos nos ponen en modo supervivencia.
Y en modo supervivencia mandan el miedo, la violencia y la confrontación.
El miedo, la violencia y la confrontación, nos desconectan del otro, a quien vemos como una amenaza a ser combatida, neutralizada o de la que huir.
Esto vuelve insostenible la vida.

La clave de la sostenibilidad es conectar.
Y conectar es integrar.

2) Conectar es encontrar-se

“Venimos de meses en los que muchos pusimos por delante la conexión tecnológica (porque la necesitábamos) y vimos reducida la conexión humana. ¿Cómo re-conectarnos?”- reflexionó Estefanía- cuando conversábamos acerca de los desafíos que enfrentábamos este 2021.

Inmediatamente pensé en lo gratificante de nuestra propia conexión y entendí que para que exista una re-conexión debe existir, primero, una conciencia del valor del otro en la conversación. Es un “yo con tu”, un “tu con yo” que crea, re-crea y co-crea la realidad, la enriquece.

No hay innovación posible en un “yo con yo”, no hay encuentro ni surge nada nuevo, solo se replica lo igual.

Entre el “yo” y el “tú” no hay un abismo sino un tejido comunicativo, un proceso de conexión, una danza de neuronas y emociones, de experiencias y conocimientos. El “otro” no es amenaza ni victoria, el “otro” es el otro y cuando interactuamos me enriquece, me hace ver cosas que quizás no había visto, me interpela, me saca de mi espacio de comodidad conceptual.

Y viceversa.
Entre un “yo y un tú” siempre existe un viceversa y en ese viceversa se traza un puente, se produce una integración.

3) Conectar es recuperar

En un mundo digitalizado donde se prioriza lo visual y lo auditivo ¿Cómo recuperar el tacto, el olfato y el gusto? ¿Cómo volver carne lo abstracto?

Recuperar el silencio.
Recuperar la pausa.
Recuperar los 5 sentidos.

La cultura de la recuperación es quizás la manera de no perdernos como humanos en medio del ruido, la aceleración y la realidad sesgada.

Nuestro cable a tierra es, entonces, volvernos revolucionarios.

4) Conectar es re-evolucionar

En este sentido la revolución se conecta con la conciencia, con la reflexión, con la tierra, con la proximidad, con el otro en su humanidad.

Conectar con el disfrute de “perderse de algo”, con el recuperar el tiempo, con el elegir cómo, dónde y cuándo digitalizar procesos para poder disfrutar de lo que no pueden ser digitalizado.

Es tan revolucionario recuperar la capacidad de asombro y la curiosidad frente al vértigo informativo, como abandonar los absolutismos.

Podemos ser expertos en algo y novatos en otra cosa. Es completamente natural y es gracias a ese aparente desbalance que seguimos avanzando.

5) Conectar es volver relevante lo humano

Lo digital puede alejarnos o acercarnos. Es solo una herramienta, una llave ¿Pero de quién es la mano? ¿Cómo saber cuál puerta abrir y cuál cerrar? Lo humano es lo relevante.

Dejar aflorar esas interrogantes, cargadas de emociones, de dudas, de esperanzas… de humanidad, podría ser, quizás, la única manera de salir victoriosos de este proceso de cambio de paradigma.

No es resignarse, sino dialogar con la realidad.

6) Conectar-se para conectar-nos

Se nos exige nos exigimos ser lideres absolutos y resolutivos, gestionar nuestros equipos orientados a resultados sin descuidar la trama de relaciones interpersonales, estar al día con las últimas novedades del sector.

Queremos estar/seguir en la mesa chica, donde se toman las decisiones, y para ello nos demandamos un alto rendimiento y pretendemos hacerlo permaneciendo aislados del contexto, de nuestros miedos, inseguridades y batallas personales.
Pero somos permeables.
Lo humano en nosotros nos traspasa, nos interpela y si no lo atendemos termina por socavar nuestro desarrollo personal y en consecuencia, el profesional también.
Lo que pretendíamos acallar, nos devora.

No es combartir con lo humano en nosotros. Es integrar para conectar.

¿El fin del trade-off?

Así como el planteo balance vida-trabajo carece de sentido en este paradigma de la integración, la búsqueda de compensaciones frente a las carencias nos pone en modo supervivencia.

Estamos frente aun nuevo desafío, el de encontrar un tejido que acerque: pertenencia e individualidad, seguridad y reinvención, audacia e incertidumbre, tecnología y humanidad.

7) La organización conectada, prospera.

En el informe 2020 de tendencias de Globales sobre Capital Humano de Deloitte, queda claro que lo que más impacta a la hora de generar sentido de pertenencia en una organización es la cultura, el liderazgo y las relaciones interpersonales.

Habilidades requeridas en las Organizaciones

¿Pero cómo integro lo humano en un espacio de poder? ¿Cómo lidero a otros desde la vulnerabilidad?

La primera conexión debe ser de nosotros con nosotros mismos, y para ello es preciso desarrollar habilidades intra e interpersonales.

En el GlanceMasters de Sostenibilidad Humana logramos unos descubrimientos alucinantes acerca de nosotros mismos, descubrimientos que al llevarlos a la práctica cotidiana (personal y profesional) trajo unos resultados inmediatos.

Ejercitando la propia inteligencia emocional conectamos desde un lugar saludable con nosotros y desde allí con quienes nos rodean.

Cuando hay claridad sobre lo emocional, lo digital pasa a ser solo una circunstancia. Prueba de ello fue el incremento del rendimiento de los equipos de trabajo, la mejora del clima laboral, el compromiso y las soluciones creativas frente a las demandas del día a día, en un año que fue de todo menos normal.

El desarrollo de habilidades que nos ponen en contacto con lo humano produce resultados exponenciales en todos los ámbitos de las organizaciones, produciendo un verdadero efecto bola de nieve positivo.

Integrar es estar presentes y estar presentes dignifica cualquier conexión.

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