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En mi infancia el sonido de la máquina de escribir era una de las melodías más frecuentes, junto con Aznavour, Los Chalchaleros, Simon & Garfunkel, Serrat y Jairo.

En casa escribir era tanto una pasión como un medio de vida, así que era lógico que aprendiera temprano el arte de golpear las teclas con propósito.

Mis primeros poemas escritos en la Lexicon 80 de mi papá datan de 1985, antes eran solo pensamientos random, porque sí, creo que aprendí a escribir a máquina antes de garabatear en el cuaderno mi nombre.

Tempranos los 90´ cuando entró la primera Apple a casa, de mano de mi hermano (y los ahorros de sus trabajos de verano), juré que nunca en la vida iba a abandonar mi Olivetti.

Pronto me di cuenta que no debía jurar en vano, y que lo nuevo no llega cargado de odio hacia lo viejo, sino que así es como funciona el mundo.

Durante ese tiempo aprendí sobre “apocalípticos e integrados” y me dije que no iba a frenarme por un prejuicio.  Resulta que esa determinación me acompaña aún, ya casi entrando a los 50.

El boli, la máquina de escribir, el ordenador , el smartphone, son herramientas. Es inútil demonizar a las herramientas. Es como insultar a la mesita ratona con la que nos acabamos de tropezar y echarle la culpa por el cardenal que nos hicimos.

La digitalización, la IA, los blockchain, las criptomonedas, la gamificación, el metaverso… la tecnología avanza a pasos agigantados y está en nosotros aprender a entender cómo funciona.

No por FOMO(*), sino para liderar esa transformación.

 

 

 

Detrás de cada nueva tecnología llega una revolución

 

 

 

A diferencia de la mesa ratona, la tecnología está cambiando nuestra manera de comprender el mundo, está transformando nuestro cerebro (hay cientos estudios sobre eso) y en consecuencia afecta nuestra manera de actuar y la forma en la que piensan y actúan sobre el mundo nuestros hijos.

 

Todo trabajo que pueda ser reemplazado por una máquina
o un proceso digitalizado, lo será.

 

 

Entonces… ¿Por qué seguir resistiendo lo inevitable? ¿Por qué entrar tarde a la revolución? ¿Por qué no acompañar a las personas a entender y utilizar esas herramientas? 

Cuando uno conoce el juego puede jugar mejor.

Cuando uno conoce el juego, puede ganarlo.

No importa el rol que ocupes, tu edad o tu profesión, lo que te distingue como humano es lo que se precisa y se precisará en este cambio de paradigma.

Así que tienes al menos dos opciones: quedarte rezongando porque ya no es lo que era o comenzar a capacitarte para entender de que maneras vas a liderar tu organización y acompañar a tu comunidad en esta transformación.

Aun tengo la Lettera 32 de mi padre y cada tanto la saco a bailar con nostalgia; sigo escribiendo en papel, porque pienso mejor en él; pero amo mi ordenador personal y mi móvil, porque me permite la rapidez y la flexibilidad que mi mente necesita para crear.

Todas las tecnologías conviven, pero hay que entender para dónde va el mundo y anticiparse. Solo así se puede ganar el juego.

¿Estás preparada/o para el futuro?

 

FOMO es una patología psicológica descrita como “una aprensión generalizada de que otros podrían estar teniendo experiencias gratificantes de las cuales uno está ausente”.
Este tipo de ansiedad social se caracteriza por “un deseo de estar continuamente conectado con lo que otros están haciendo” (Wikipedia)

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